El día dos de marzo llegué a Membrilla para terminar de preparar todo lo necesario con el objetivo de celebrar el octavo Encuentro Creo, titulado “PATER NOSTER”; un Encuentro donde profundizar en esta oración tan fácil y, a la vez, con tanta profundidad. Allí me encontré con caras ya conocidas, con otras nuevas y, sobre todo, con caras jóvenes llenas de ilusión y compromiso con su Fe.

A primera vista, los montajes eran complejos: vídeos, representaciones, danza, teatro de luz negra, murales…Y en verdad lo eran. Pero gracias al trabajo de todo el equipo y todos los jóvenes de la diócesis de Ciudad Real, a su sacrificio, todo resultaba sencillo.
El sábado empezamos las visitas a las diez de la mañana; visitas que se extenderían hasta el domingo por la tarde. Como guía, me tocaba acompañar a los grupos, ir comentando cada una de las partes del Padrenuestro e introducir las actividades que estaban preparadas. Y en todas las visitas vi dos cosas claramente diferenciadas, pero interrelacionadas. Por un lado estaban los jóvenes, venidos de todos los municipios de la provincia. Jóvenes que habían sacrificado su fin de semana; mejor dicho, que habían invertido su fin de semana en Cristo. Jóvenes cristianos que se habían preparado estos meses para realizar teatros, bailes, acogida…Y que representaban su papel ante cada grupo que pasaba como si fuera el primero, con una sonrisa y con la alegría que solo la Fe nos regala. Jóvenes que representando al rico Epulón, al pobre Lázaro, o preparando los vídeos y los montajes hicieron que todo saliera perfecto; y es que no hay misión pequeña cuando se trata de evangelizar.

Por otro lado estaban los grupos. Asistentes de toda la Diócesis que habían viajado hasta Membrilla con la ilusión de profundizar en su Fe, de vivir el cristianismo en comunidad, y que no salieron decepcionados. Personas que, al terminar la exposición con la entrega del Padrenuestro, te sonreían agradecidos y te pedían que nunca dejáramos de hacer esto, que la Iglesia necesitaba que los jóvenes mostraran su Fe, que el año que viene volverían.

Y, tras asistir ya a cinco Encuentros Creo, pienso que solo hay una palabra para resumirlos: Fe. Estos Encuentros, para los voluntarios, significan muchas cosas: cansancio, repetición, falta de sueño, estrés…pero, sobre todo, agradecimiento, alegría, comunidad, acogida, compromiso y misión. Soy consciente de que todo el trabajo que conllevan los Encuentros, en el día a día, provocaría enfado y mal humor. Sin embargo, cuando se hacen por Dios, Él nos concede la gracia de la ilusión, la energía y la vitalidad. Y, es que, ¿por qué hacemos esto, gratuitamente, con todo el trabajo que conlleva? Simplemente porque Dios nos ama, nosotros amamos a Dios y, como nos enseñó su Hijo, «gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10, 8).